Inefable
Puede
sonar contradictorio intentar poner en palabras lo inefable, pero haré un esfuerzo: Estaba como
queriendo encontrar la luz al final de una gruta que parecía no
tener salida, o aún peor, tener más de una y no saber por dónde
salir.
La luz está al final, siempre está, pero el desafío es animarse a llegar.
Obnubilada por colores que hacía tiempo no veía, curiosa, entrometida, asumiendo mi riesgo, en un camino que no sabía si podría volver, arrojándome al vacío de no saber si querría volver...
Estuve desafiando mis sentidos, arriesgándome a merced de una fuerza que me guiaba a seguir buscando, intentando detenerme, pero sin dejar de saciar la curiosidad que me desborda.
La luz está al final, siempre está, pero el desafío es animarse a llegar.
Obnubilada por colores que hacía tiempo no veía, curiosa, entrometida, asumiendo mi riesgo, en un camino que no sabía si podría volver, arrojándome al vacío de no saber si querría volver...
Estuve desafiando mis sentidos, arriesgándome a merced de una fuerza que me guiaba a seguir buscando, intentando detenerme, pero sin dejar de saciar la curiosidad que me desborda.
Me
atrajo una energía estrafalaria, una fuerza, que confusa, se fundió
con la mía. Las hojas crujientes que terminaron en abrazo, y un
estrudente sonido que sonaba de fondo, pero que no se escuchaba,
hacía que todo fuera una nebulosa, dificil de explicar.
"¡Inspiración!" Dije al instante, luego de dar tres pasos y pensarlo no muy bien, a veces, nunca dejo de pensar...
Una distancia que no era distancia, me atrajo, me imantó, fui como al azúcar, y volví a creer. Sentí en ése momento, que al final de la gruta, sí había una luz, y que sea cual sea la salida que tome, todas me llevarían al mismo lugar. Es cálido, es dulce y acogedor. Se puede sentir el otoño en la ventana, con un café en la noche, o el sol de la tarde en primavera golpeandome la cara como avisando que estoy viva y que soy yo.
"¡Inspiración!" Dije al instante, luego de dar tres pasos y pensarlo no muy bien, a veces, nunca dejo de pensar...
Una distancia que no era distancia, me atrajo, me imantó, fui como al azúcar, y volví a creer. Sentí en ése momento, que al final de la gruta, sí había una luz, y que sea cual sea la salida que tome, todas me llevarían al mismo lugar. Es cálido, es dulce y acogedor. Se puede sentir el otoño en la ventana, con un café en la noche, o el sol de la tarde en primavera golpeandome la cara como avisando que estoy viva y que soy yo.
Se
me hizo eso, se me hizo todo. Esa luz es un lugar al que me gustaría
llegar tantas veces como sea posible, pero sabiendo siempre que,
aunque se apague, habrá otras grutas, otras salidas, otras luces,
hacía donde ir. Y aunque el abrazo no sea el mismo, me queda
una foto en la retina, que no quiero olvidar y un montón de hojas
flotando en un estanque que no sabe por qué está.
Veo a una mujer de blanco, caminando, perdida, sola, jugando, o triste, no sé. No puedo entender nada, solo veo un montón de cosas inefables, solo siento cosas que no sé discernir, es todo nuevo, no me quiero ir. ¿Cuántas veces se puede ver algo por primera vez? ¿Cuántas veces se puede sentir lo mismo por primera vez?
Veo a una mujer de blanco, caminando, perdida, sola, jugando, o triste, no sé. No puedo entender nada, solo veo un montón de cosas inefables, solo siento cosas que no sé discernir, es todo nuevo, no me quiero ir. ¿Cuántas veces se puede ver algo por primera vez? ¿Cuántas veces se puede sentir lo mismo por primera vez?
Hay una interferencia que no
logra interceptar mis pensamientos, que no sé bien cuales son, pero
me quiero quedar así, bajo un árbol con copos de algodón, una luz
amarilla que se cuela entre sus hojas y una noche que se hacía pesar
pero que apaciguaba mi paz que me inquietaba, porque sabía que la
luz estaba al final de la gruta, inefable.
Pude sentir esas personas que ya no estaban, pude ver fotos que nadie tomó y explotar de angustia cuando en una edificación sin techo me puse a caminar viendo una película que parecía no tener fin.
Y en la noche, allá arriba, estuve pensando en el yo, en los encuentros, en las fuerzas que nos rodean, en las luces y las sombras, y en las nuevas oportunidades, esas que, por miedo no nos damos. Fui yo.
Me olvidé de mi nombre, me olvidé de todos, solo había energía, solo había risas y reflexiones.
La niña, esa que llevo siempre tan escondida, se dejó escapar un rato, apenas un poco, entre tanta intensidad, entendió que el miedo es una excusa y que de vez en cuando está bueno subir una escalera sin escalones, porque arriba te espera eso que esperabas vos.
Pude sentir esas personas que ya no estaban, pude ver fotos que nadie tomó y explotar de angustia cuando en una edificación sin techo me puse a caminar viendo una película que parecía no tener fin.
Y en la noche, allá arriba, estuve pensando en el yo, en los encuentros, en las fuerzas que nos rodean, en las luces y las sombras, y en las nuevas oportunidades, esas que, por miedo no nos damos. Fui yo.
Me olvidé de mi nombre, me olvidé de todos, solo había energía, solo había risas y reflexiones.
La niña, esa que llevo siempre tan escondida, se dejó escapar un rato, apenas un poco, entre tanta intensidad, entendió que el miedo es una excusa y que de vez en cuando está bueno subir una escalera sin escalones, porque arriba te espera eso que esperabas vos.
Pensemos, inefablemente, que todos estamos en
una gruta, solo hay que dar dos pasos y salir hasta el final...



Comentarios
Publicar un comentario