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Tengo 33, y no soy lo que creía que sería a ésta edad.

Pero siempre fui más de improvisar y de guiarme por impulsos y estímulos.

Mi niña de 5 años no debe estar muy contenta.

Mi adolescente de 17 se debe sentir aliviada.

Mi joven de 25 debe estar feliz de haber perdonado.

Mi mujer de 28 se siente más segura.

A los 30 ya aprendí a disfrutar de nuevas formas.

Y hoy siento que todas ellas esperaban otra cosa de mi.

Sin embargo sigo siendo esa varietés de sensaciones de la que siempre me gustó sentirme condenada.

No sé si alguna vez estaré conforme, pero cómo he crecido...

Me cuesta sentir orgullo, pero deberían dar diplomas, también,

cuando uno supera etapas y crece como persona.

Ahí me siento más conciliada conmigo.

Crecer es darse una oportunidad y tratar de no repetirse.

Crecer es aceptar que somos esto y podemos ser más. 

Es entender que no hay límites que no puedan con tu razón.

A los 33 crucé mis límites y me tiré a un vacío que me supo rescatar.

A los 33 crucé un cielo que siempre me dio miedo, pero que al enfrentarlo me acercó 

a nuevos cielos que quisiera conocer.

Tengo miedo.

Mucho miedo a esto que es vivir. Pero la vida me regala cosas

que me hacen saltar de los esquemas normales y pensar que tal vez mi madre tenga 

razón: “Tenés una estrellita, Roberta”. 

Y sin en lugar de quejarnos miramos lo que tenemos dentro?

Y sin en lugar de pensar en lo que no tenemos pensamos en lo mucho que tenemos?

Y si en lugar de quejarnos, agradecemos?

Y si en lugar de llorar porque se fue, pensamos en qué estará haciendo alguien que no 

conocemos pero que llegará algún día?

Tal vez por una vida entera, o quizá por un segundo que es una vida, quizá...

Y por qué, si a los 33 años no seguí la receta que todos siguen, en lugar de sentirme

mal, 
me hago cargo de que soy distinta?

Y si en lugar de seguir la receta nos fijamos si el postre que nos gusta no es distinto al del otro?

Hoy sigo siendo un ser hipersensible, libre e itinerante y mi meta es hacerme cargo y 

enfrentar ésto que aprendí hoy a los 33. Es lo que soy.

Me doy hoy la oportunidad de vivir. De ser yo sin ponerme límites.

De no tener vergüenza de ser libre.

De quererme.

De sentir lo que quiero sentir.

De amar si quiero, el vaso de un bar.

Y no quiero que se me escapen los momentos, cada uno es más valioso que otro.

“Te quiero” digo siempre que puedo.

“Qué linda sos, amiga”

“Gracias por ser mi apoyo, amigo”

“Qué bien te ves hoy, tu”

Hoy tengo 33 y la vida me pasa por arriba con un torbellino de emociones.

Quiero que mi niña de 5 años muera de felicidad, quiero abrazarla y decirle: “Viste? 

Pude! Somos felices ahora”

Quiero decirle a esa adolescente de 17, que perdone a todos los que la lastimaron, la vida 

pone a todos en su lugar: “Tranquila, hoy es tu momento”.

Quiero decirle a mi joven de 25 que no se olvide nunca de ese primer amor, y que ese 

perdón que hoy logró, lo transforme en una energía tan potente que pueda con todo lo 

que dolió.

Quiero decirle a mi mujer de 28 que no pierda esa seguridad, los frutos llegan, y 

vale la pena esperar: "El universo tiene un plan también para vos..."

A mis 30 conecté más, pero necesitaba mi propio abrazo, así que quiero decirle a esa 

mujer que se quede tranquila, mi propio perdón va a llegar.

Tengo 33 y la vida me pasa por arriba, sigo aprendiendo que cada uno tiene sus tiempos. 

Tal vez deberíamos vivir la cantidad de años equivalente a ellos, pero no es así. 

La vida es este momento, no hay otro.

Afuera el mundo no espera, y tengo tanto para dar, que no me detengo más a esperar 

cosas que ya no me puedan sumar.

Quiero que a este viaje me acompañen quienes de verdad quieren volar alto y no tengan 

ganas de conformarse por miedo a no tener más.

Quiero que se sume quien tenga un lugar para mi en su vida y no tenga que estar 

empujando para lograr mi espacio, yo soy mi propio espacio. Somos únicos e irrepetibles 

no merecemos menos que eso.

Tengo 33, soy lo que soy. Apenas yo, creciendo...

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