Virtualidad
Clavé mis ojos en tu mirada, una tarde de
domingo en que tú no sabías de mi.
Los vidrios de ese otoño pusieron mi casa
en penumbras, un blues aterciopelado
comenzó a sonar.
Se sintió silbar la caldera, el perro dejó de ladrar, cotidianidad.
La estufa a leña comenzó a latir, y la casa se hizo hogar.
Por la rendija de la puerta parecían verse estrellas, aunque tan solo eran las 4 de la
tarde.
Los gatos ronroneando en el patio, tiraban las macetas que quedaban sin regar.
En la calle los niños pateaban soles contra la cerca y las vecinas parecían no tener de qué
hablar.
En el cuarto, un par de pantuflas parecían no tener dueño, como esperando a que las
vengan a usar.
Mi cama fue un desierto habitable, que quería ser océano en tu mar.
En los sueños había un espacio a mi lado, solo tu sabrás.
Clavé mis ojos en tu mirada y cerré la ventana a cualquier persona que se quisiera colar,
en ese collage implacable, el que tu has de perpetuar.
Desde esa tarde de otoño, de hojas secas decorando el estar, de café caliente y vapor, no
quise ya abrir mis ojos a nadie más.
Me he perdido en esa mirada, en tu suave pelo acariciando el contorno de tu rostro,
clavé
mis ojos y no supe decir más.
Ya lo sé, yo no existo, pero en silencio te escribo a los gritos para que puedas darte
vuelta
y mirar a éste corazón solitario que solo te quiere saludar...
domingo en que tú no sabías de mi.
Los vidrios de ese otoño pusieron mi casa
en penumbras, un blues aterciopelado
comenzó a sonar.
Se sintió silbar la caldera, el perro dejó de ladrar, cotidianidad.
La estufa a leña comenzó a latir, y la casa se hizo hogar.
Por la rendija de la puerta parecían verse estrellas, aunque tan solo eran las 4 de la
tarde.
Los gatos ronroneando en el patio, tiraban las macetas que quedaban sin regar.
En la calle los niños pateaban soles contra la cerca y las vecinas parecían no tener de qué
hablar.
En el cuarto, un par de pantuflas parecían no tener dueño, como esperando a que las
vengan a usar.
Mi cama fue un desierto habitable, que quería ser océano en tu mar.
En los sueños había un espacio a mi lado, solo tu sabrás.
Clavé mis ojos en tu mirada y cerré la ventana a cualquier persona que se quisiera colar,
en ese collage implacable, el que tu has de perpetuar.
Desde esa tarde de otoño, de hojas secas decorando el estar, de café caliente y vapor, no
quise ya abrir mis ojos a nadie más.
Me he perdido en esa mirada, en tu suave pelo acariciando el contorno de tu rostro,
clavé
mis ojos y no supe decir más.
Ya lo sé, yo no existo, pero en silencio te escribo a los gritos para que puedas darte
vuelta
y mirar a éste corazón solitario que solo te quiere saludar...



Comentarios
Publicar un comentario