Carta N°1
Era lindo, así de simple, lindo, sin
darle grandes firuletes románticos. Lindo, sencillo, inocente,
cálido, reconfortante, verdadero, libre, sobre todo libre.
Así era todo con nosotros, brillábamos estando uno al lado del otro, era como potenciarnos en las virtudes y nos olvidábamos de los defectos… es que… ¿teníamos defectos? Creo que no… y si los había no eran más que anécdotas que nos hacían reír… eso era lo más lindo, cómo reíamos, se detenía el mundo en cada sonrisa. Era como embarcarse en un viaje idílico donde todo era maravilloso.
Simple, todo era más fácil, los problemas eran simples mitos que contábamos como algo irrelevante, algo para compartir y quizá solucionar, pero no era algo que pesara, al menos eso creía yo… creí que todo podía arreglarse porque estábamos los dos… Eso creí…
Pero iba todo dudosamente bien… No sé por qué no lo sospeché, por qué no se me ocurrió que eso no podía funcionar tan bien, que el mundo no es el lugar donde todo es justo, que la vida no da respiros, que las recompensas nos son algo que quepan en mi universo, no funciona así.
¿Por qué me distraje tanto? No lo entiendo… estas cosas no me pasan a mí, soy muy precavida, soy muy meticulosa, no me dejo ver tal y como soy, no quiero que nadie se meta en mi mundo, ¿por qué lo dejé a él? No me lo perdono.
Y llegó ese día, él se fue… y un dolor intenso recorrió todo mi cuerpo, un dolor casi insistente se apoderaba de mí, traté de quitarle importancia, pero claro, ya era demasiado tarde, esa fortaleza que fui adquiriendo con el tiempo ya no servía, es que era vulnerable a él, me había rendido como hacía mucho no lo hacía, tal vez demasiado y ese fue el error…
Los días siguientes no tuvieron horas, no tenían ni día ni noche, eran un cúmulo de nada, un vacío insoportable me desgarraba los ojos, ya no había nada de mí, se había llevado todo, no me dejó nada.
Hoy me levanté, con esa angustia en el pecho que no me dejaba respirar, un olor a hastío rodeaba toda mi habitación y un alma que pesaba tanto que parecía salirse de mí para no volver jamás.
Pero algo sucedió inmediatamente después que puse mis pies sobre el suelo. Algo extraño, no lo sé, me sentí viva, feliz…
“¡Hola mundo!” Grité, y un aire fresco recorrió mis pulmones. Y no quise quitar esa frase de mi mente porque disparó un sinfín de diversas imágenes en mi cabeza…
Y es que cómo no hacerlo…En una de ellas, por ejemplo, me imaginé a mí misma naciendo ¿y por qué no? saludando al mismo mundo con tal confianza y desparpajo que parece que estuviera segura de que él se daría vuelta para mirarme.
Así era todo con nosotros, brillábamos estando uno al lado del otro, era como potenciarnos en las virtudes y nos olvidábamos de los defectos… es que… ¿teníamos defectos? Creo que no… y si los había no eran más que anécdotas que nos hacían reír… eso era lo más lindo, cómo reíamos, se detenía el mundo en cada sonrisa. Era como embarcarse en un viaje idílico donde todo era maravilloso.
Simple, todo era más fácil, los problemas eran simples mitos que contábamos como algo irrelevante, algo para compartir y quizá solucionar, pero no era algo que pesara, al menos eso creía yo… creí que todo podía arreglarse porque estábamos los dos… Eso creí…
Pero iba todo dudosamente bien… No sé por qué no lo sospeché, por qué no se me ocurrió que eso no podía funcionar tan bien, que el mundo no es el lugar donde todo es justo, que la vida no da respiros, que las recompensas nos son algo que quepan en mi universo, no funciona así.
¿Por qué me distraje tanto? No lo entiendo… estas cosas no me pasan a mí, soy muy precavida, soy muy meticulosa, no me dejo ver tal y como soy, no quiero que nadie se meta en mi mundo, ¿por qué lo dejé a él? No me lo perdono.
Y llegó ese día, él se fue… y un dolor intenso recorrió todo mi cuerpo, un dolor casi insistente se apoderaba de mí, traté de quitarle importancia, pero claro, ya era demasiado tarde, esa fortaleza que fui adquiriendo con el tiempo ya no servía, es que era vulnerable a él, me había rendido como hacía mucho no lo hacía, tal vez demasiado y ese fue el error…
Los días siguientes no tuvieron horas, no tenían ni día ni noche, eran un cúmulo de nada, un vacío insoportable me desgarraba los ojos, ya no había nada de mí, se había llevado todo, no me dejó nada.
Hoy me levanté, con esa angustia en el pecho que no me dejaba respirar, un olor a hastío rodeaba toda mi habitación y un alma que pesaba tanto que parecía salirse de mí para no volver jamás.
Pero algo sucedió inmediatamente después que puse mis pies sobre el suelo. Algo extraño, no lo sé, me sentí viva, feliz…
“¡Hola mundo!” Grité, y un aire fresco recorrió mis pulmones. Y no quise quitar esa frase de mi mente porque disparó un sinfín de diversas imágenes en mi cabeza…
Y es que cómo no hacerlo…En una de ellas, por ejemplo, me imaginé a mí misma naciendo ¿y por qué no? saludando al mismo mundo con tal confianza y desparpajo que parece que estuviera segura de que él se daría vuelta para mirarme.
Me pareció tan agradable esa, como
todas las imágenes que me desbordaron… Y es que no puedo
evitar hacer de todo un incontable número de pequeñas historias tan
infantiles como ridículas, abarrotadas de imágenes multicolores y
llenas de sonidos.
A veces suenan tan simpáticas… ¡Ops!
A veces suenan tan simpáticas… ¡Ops!
¡Hola mundo! Podría gritar una nueva
idea que ha caído y que insiste en hacerse escuchar.
Un nuevo plan que intenta cambiar el rumbo de las cosas que parecían tan establecidas.
Hasta un nuevo amigo, que quiere que, aunque sea por un instante, cambien las reglas del paso del tiempo.
No sé si sea éste el caso… solo sé que me veo renacer, que necesito salir, necesito sentirme viva otra vez. ¿Confiar? Y… no sé, el tiempo lo dirá, mientras tanto el “¡Hola mundo!” sigue propagando por mi mente un montón de imágenes y sonidos tan rebeldes como inocentes y atractivos.
Quién sabe de qué serán las siguientes cartas, cuántas aventuras y desventuras podré contar, ojalá sean muchas porque hay que animarse a probar, a cambiar tantas veces como sea necesario. Hay que arriesgarse a vivir con uno mismo cambiar sin esperar que nadie te colme más de lo que puedas colmarte tú mismo. La vida está llena de sorpresas y si bien a mí no me abundan de las buenas, sigo insistiendo, quién te dice, quizás mañana me encuentre otra vida…
Un nuevo plan que intenta cambiar el rumbo de las cosas que parecían tan establecidas.
Hasta un nuevo amigo, que quiere que, aunque sea por un instante, cambien las reglas del paso del tiempo.
No sé si sea éste el caso… solo sé que me veo renacer, que necesito salir, necesito sentirme viva otra vez. ¿Confiar? Y… no sé, el tiempo lo dirá, mientras tanto el “¡Hola mundo!” sigue propagando por mi mente un montón de imágenes y sonidos tan rebeldes como inocentes y atractivos.
Quién sabe de qué serán las siguientes cartas, cuántas aventuras y desventuras podré contar, ojalá sean muchas porque hay que animarse a probar, a cambiar tantas veces como sea necesario. Hay que arriesgarse a vivir con uno mismo cambiar sin esperar que nadie te colme más de lo que puedas colmarte tú mismo. La vida está llena de sorpresas y si bien a mí no me abundan de las buenas, sigo insistiendo, quién te dice, quizás mañana me encuentre otra vida…



Comentarios
Publicar un comentario