Amanecientes



-Puedo ver sus piernas entrelazadas con las mías, como imanes que nos brindan la quietud más linda... la elegida... la deseada...
Puedo ver su pelo descansar sobre sus hombros, como agua que recorre su inmaculada silueta... asumo el riesgo de despertarla al tocarlo... segundos antes de recordar que en nuestra mundo y en nuestra lógica, los riesgos son simples mitos... son fábulas que no hacen más que alimentar esta fantasía en la cual nos embarcamos cada día.
La escucho respirar...
Ahora sí, puedo ver su hermoso rostro... las delicadas lineas que forman los detalles de su cara, sus ojos cerrados... tan calmos y serenos. Un esbozo de sonrisa cómplice, pero no por eso menos feliz ilumina la habitación, ella me mira... El aire es liviano y fresco. Un aroma a jazmín pareciera salir de su cuerpo y llenar los rincones amanecientes como conteniendo un grito que quiere callar para mantener esa noche en el más tierno secreto...
Lo que haya pasado antes y lo que pasara después, es de mínima importancia.
El tiempo se ha detenido en ese magnífico instante, en ese paréntesis que ella y yo nunca queremos cerrar.

-Una calma casi insistente se apoderó de todo mi cuerpo... una especie de tibieza que circula hasta mis pensamientos. Lo sé a mi lado ésta vez... 
Una suave y arrulladora brisa empuja la ventana, quien hace deslizar sutilmente la blanca cortina por sobre la cama... Apenas me despierto.
En esa paz que me devora decido no moverme, ya que no quisiera despertarlo, y es que nuestros cuerpos están tan cerca que el mínimo pestañeo podría interrumpir el más tierno de sus sueños...
Es en ese instante en el que siento su mano sobre mi pelo y una especie de electricidad recorre el largo sendero de mi espalda, me estremezco...
Lo tengo entero en cuerpo y alma como siempre lo quise tener, lo siento cerca... es su piel quien me abriga y me lleva a soñar lo que nunca he soñado...
Siento su respiración en mi cara y sonrío feliz, a sabiendas de que en ese momento, sin un antes ni un después, él es mio y yo soy suya, sin preguntar por qué.
Puedo sentirlo aquí conmigo... dibujando con su mano el contorno de mi piel. Es como si me materializara mientras recorre cada punto de mi cuerpo... observándome estar allí, con él. 
Es este nuestro mundo, nuestra lógica, nuestro universo, nuestro paréntesis... eso que hemos construido y que nos encuentra tan juntos como queramos, tan cerca como siempre quisimos ser.



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