Nubiloso



Debía tomar una decisión importante y varias ideas ronroneaban su cabeza desde hacía algún tiempo, todas ellas muy atractivas y difíciles de descartar, no sabía qué hacer ni hacia dónde ir, se sentía confundido y desorientado. Conforme pasaba el tiempo esas ideas se fueron tornando pesadas, molestas, ya que no podía decidirse por una de ellas y necesitaba una solución. Esta encrucijada lo traía tenso, estresado, irritable, no encontraba nada que pudiera esclarecerle una salida correcta o confiable, así que intentó poner su mente en blanco, tal vez de esa manera podría ordenar esas ideas y lograría encontrar la decisión correcta. Salió de su cuarto, caminó por largo pasillo que lo llevaba al salón, pero de camino hizo una pausa en la cocina, era invierno y se sentía el frío correr por entre las habitaciones de aquel enorme y antiguo apartamento. Pasillos, cuartos y recovecos hacían de ese lugar un enorme laberinto que por momentos se volvía tormentoso. Ya en el salón se sentó en su sillón, lo tenía perfectamente ubicado en una esquina desde dónde tenía la mejor vista de la ciudad. Afuera llovía y hacía mucho frío, adentro una estufa a leña y una taza de té climatizaban un ambiente propicio para distender hasta la más inquieta de las mentes.
Respiró profundo, luego del primer trago de té, limpió el vapor de los vidrios de la ventana, para poder ver el gris y dominical paisaje de una ciudad vacía. Pero la visión continuaba siendo afectada por la fuerte lluvia que azotaba los gruesos vidrios del cuarto piso.
No podía decir a ciencia cierta cuánto tiempo llevaba allí, si fueron horas, minutos o apenas días. Por un segundo sintió la soledad en esa amplia habitación, pero no la sufrió, más bien sintió el alivio de que aquellas voces en su cabeza poco a poco se iban disipando. Una paz casi insistente se fue apoderando de su cuerpo, parecía que sin querer todo se iba a aclarando.
De repente un pequeño halo de luz intentaba colarse tímidamente por debajo de la puerta de aquella habitación en penumbras. Saltó del sillón, corrió por el angosto pasillo del enorme apartamento, aquel inmenso laberinto parecía hacerse cada vez más pequeño a medida que avanzaba, cuando vio la luz fue hacia ella, entusiasmado y ansioso sintió cómo una suave y tibia brisa acariciaba su rostro, parecía que todas esas horas de incertidumbres y dudas se habían acabado por fin. Cuando llegó a la otra punta de la casa sintió que podría haber llegado a una respuesta ¡La encontré! gritó, en el mismo lugar donde había empezado.



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